- Imagen: Bernard Goldbach -
Los smartphones, o teléfonos inteligentes de última generación, han permitido a los usuarios acceder a Internet, además de realizar tareas que hasta hace poco tiempo solo eran posibles con un ordenador personal. Es decir, son ya más ordenadores que teléfonos. Esta sofisticación de los móviles conlleva necesariamente el desarrollo de sistemas operativos capaces de ejecutar aplicaciones complejas. El problema es que cuanto mayor es la complejidad, más vulnerable se vuelve un sistema y, por tanto, los nuevos sistemas operativos implican un aumento de los riesgos de seguridad y privacidad
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